A menudo asociamos la fantasía y los cuentos de hadas únicamente con la niñez. Sin embargo, J.R.R. Tolkien, célebre autor de El señor de los anillos y El hobbit, tenía una visión muy diferente sobre el papel de la imaginación en nuestras vidas.
En su ensayo Sobre los cuentos de hadas, Tolkien dejó una reflexión contundente:
“Los niños están destinados a crecer, no a convertirse en Peter Pan”.
¿Qué nos enseña esta idea?
* Crecer no es renunciar a la imaginación: A diferencia del famoso personaje que se niega a madurar, Tolkien recordaba que la infancia es solo una etapa de desarrollo. Crecer implica adquirir autonomía, aprendizaje y experiencia, pero sin la necesidad de abandonar la capacidad de asombro.
* La fantasía no tiene fecha de caducidad: Los relatos fantásticos no son exclusivos del público infantil. Lo que de niños leemos como una simple aventura, en la edad adulta revela significados profundos sobre el valor, la lealtad, la pérdida y la responsabilidad.
* Una herramienta para la vida: En sus obras, Tolkien demostró que los mundos imaginarios nos ayudan a explorar dilemas y emociones reales. Las historias nos acompañan a lo largo de las distintas etapas, ayudándonos a comprender mejor el mundo que nos rodea.
La próxima vez que te sumerjas en un libro de fantasía, recuerda: disfrutar de un buen cuento no es una señal de inmadurez, sino una forma de enriquecer el viaje de seguir creciendo.

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